sábado, 17 de abril de 2010

Keith Richards: Son sólo libros (pero me gustan).

"Confieso que he leído", el Rolling Stone nos cuenta en su última biografía su amor por los libros y dice que atesora una enorme cantidad de volúmenes en sus mansiones, en especial sobre la historia del rock y la II Guerra Mundial Seguir leyendo

*Los viajes más interesantes son los que se hacen a lomo de libro

Lucio Sdrech nos cuenta:  Jorge Luis Borges, ese rolinga.

Estaba en un cine de Buenos Aires viendo una película de los Stones mientras los ingleses venían con sus barcos hacia las Malvinas. Nadie parecía darse cuenta dentro de ese lugar que estábamos en guerra y que esa banda era inglesa hasta que alguien en el filme desplegó una enorme Union Jack y ahí todo el cine se puso a despotricar e insultar ¡Fuera piratas!!

La Argentina es el país con más sicólogos por metro cuadrado, quizás ellos puedan explicar mejor que yo ese amor profundo y contradictorio por los Stones. Porque aquí, si no eres te vuelves stone por contagio. Sí, así como suena, es una especie de enfermedad inextricable. Acá los Stones son otros Stones, siempre rockeros, pero también si se me permite la licencia tangueros. Porque es muy difícil sacarse el bandoneón, la milonga, la puñalada de encima.

Para terminar basta una anécdota, estando en el Palace de Madrid Mick Jagger se cruzó con Borges y le dijo que lo admiraba después de arrodillarse y tomarle la mano.
Borges, un poco asombrado, le preguntó quién era porque no veía y cuando Jagger se presentó le contestó: “¡Ah, uno de los Rolling Stones!”.
En definitiva hasta el genial poeta era rolinga.

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